Vacas Felices
Ayer salió en
nacion.com
- un muy interesante artículo sobre la Hacienda Pozo
Azul en Sarapiquí, en la zona del Caribe de Costa Rica, con relación a un
maravilloso proyecto para mantener vacas Holstein.
Pero este
no es solo lo interesante de este proyecto, sino el hecho de que esta
particular clase de vaca es muy de clima frío, sin embargo “hace más de diez
años, e inspirándose en proyectos similares de países árabes, Alberto Quintana
y su familia, dueños de la Hacienda Pozo Azul, se dieron a la tarea de instalar
una serie de abanicos gigantescos a los que se adhieren mangueras que expulsan
gotas de agua”
Con esto
han logrado que 180 vacas Holstein sobrevivan al calor y produzcan 2.000 litros
de leche diarios por medio de un sistema de ventilación que las mantiene
húmedas, frescas y cómodas durante todo el día. Esto es una forma a la vez que
las vacas no solo produzcan leche pero también electricidad. Como lo dice el artículo,
es una “insólita, económica y ecológica forma de reciclaje. Desde este rincón
admiro profundamente este proyecto y me gustaría mucho que se expandiera por
todo nuestro país.
(Registrarse a nacion.com – es gratis) - El artículo en referencia ya ha sido archivado por la nacion.com - pero he aquí una copia del mismo:
Vacas se
"refrescan" en aguas del Caribe para producir leche y electricidad
ACAN-EFE, por Douglas Marín M.
Sarapiquí. La Hacienda Pozo Azul se ha
convertido en un atractivo turístico por su insólita, económica y ecológica
forma de conseguir que 180 vacas Holstein produzcan leche y electricidad en el
cálido Caribe costarricense.
Estas
vacas lecheras, de pelaje blanco y negro, sobreviven al calor y producen 2.000
litros de leche diarios por medio de un sistema de ventilación que las mantiene
húmedas, frescas y cómodas durante todo el día.
Y es que
el hábitat natural de estos animales son zonas a más de 1.500 metros de altura
y con temperaturas bajas, por lo que ambientarse en el caluroso Caribe es un
verdadero mérito.
Pero,
lejos de parecer un lujo, la peculiar idea es un ejemplo de ahorro económico,
pues, además de producir leche, las vacas contribuyen a la generación de
energía eléctrica, abono para plantas y la conservación del medio ambiente.
Los
animales viven en La Virgen de Sarapiquí, un pueblo ubicado a 79 kilómetros al
noreste de San José, a tan sólo 150 metros sobre el nivel del mar y con
temperaturas que pueden llegar a los 38 grados centígrados en verano, un
ambiente mortal para estas vacas.
Sin
embargo, hace más de diez años, e inspirándose en proyectos similares de países
árabes, Alberto Quintana y su familia, dueños de la Hacienda Pozo Azul, se
dieron a la tarea de instalar una serie de abanicos gigantescos a los que se
adhieren mangueras que expulsan gotas de agua.
"El
viento que generan los abanicos, sumado al agua de las mangueras, baja la
temperatura del corral donde se ubican los animales hasta los 15 grados
centígrados", explicó a ACAN-EFE Max Martínez, trabajador de la finca y
encargado de la lechería.
El
trabajador detalló que el sistema de enfriamiento simula de manera inmejorable
el "ambiente natural" de las vacas, que se sienten cómodas y frescas
en medio de un clima caribeño.
Los
ventiladores funcionan con energía eléctrica producida por gas metano extraído
del estiércol de las mismas vacas que reciben el "frío beneficio".
"Tenemos
un sistema en el que todo se recicla. El excremento de las vacas pasa a un
tanque donde recibe agua a presión para que pierda textura, y luego pasa por
tres filtros donde se extrae la fibra más gruesa", expresó Martínez.
El
producto final llega a un depósito llamado "biodigestor", que extrae
el gas metano del estiércol. Posteriormente, el gas pasa a otras dos máquinas
que lo transforman en electricidad.
Los restos
del excremento son llevados a otro depósito donde se mezclan con lombrices para
fabricar un abono orgánico que sirve para las plantaciones de pasto y plátano
de la hacienda.
Los
animales viven en un establo separado con espacios individuales para cada
ejemplar, donde cada vaca se acomoda y pasa todo el día descansando y comiendo.
Y qué
comen estas singulares vacas? Una "fórmula especial" compuesta por el
plátano y pasto producidos en la finca, alimento concentrado, vitaminas y
minerales con el fin de que produzcan una leche de alta calidad para la
comercialización.
Cuando
llega la hora del ordeño, sólo hace falta un silbido de alguno de los diez
trabajadores de la finca para que los animales se acerquen a la lechería y
esperen con paciencia su turno.
Martínez
explicó que a las vacas de raza más pura se les denomina "alfa", las
cuales tienen un radiotransmisor con un chip en una pata para detectar y
mantener un control estricto de enfermedades y parásitos.
De esta
manera, los propietarios de la finca se aseguran la calidad de la leche y la
buena salud del grupo de vacas, a las que consideran como de la familia.








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